Somos invitados a hace parte del Reino. Dios Padre, siempre
insistió en la promesa de enviarnos a su propio Hijo, para hacernos merecedores,
nuevamente, del privilegio de llamarnos hijos suyos, mediante las enseñanzas y
el sacrificio de Dios Hijo, quien nacería de la familia de David. Y así fue, por
medio de nuestro Señor Jesucristo, se ha hecho y se hará justicia y derecho en
la tierra (Jr 33, 14-16) quien se ofrece desde ya, y en su próxima venida como
el Salvador, el Héroe de nuestra vida.
Solo debemos enfocarnos en el cumplimiento de su santa Palabra como medio
para vivir de forma agradable ante los santos Ojos de Dios.
A Ti, Señor, levanto mi alma. Por ello, con la
esperanza que debe inundar nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestra mente y
todo nuestro ser, celebremos como nos lo enseña el salmista en este día: “A Ti,
Señor, levanto mi alma” (Sal 25). Que todos nuestros sentimientos,
pensamientos, ideales y propósitos, estén encaminados a dar cumplimiento a las
enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, mientras esperamos su gloriosa venida,
especialmente, en esta Navidad. Por ello, que la alegría, la felicidad y el
gozo, nos acompañe todos los días de nuestra vida en nuestro quehacer personal,
familiar y social, encontrándonos de esta manera con Cristo Jesús en cada uno
de estos contextos en los que interactuamos en nuestra cotidianidad.
El Señor nos da las fuerzas en su espera. La oración, el
estudio y profundización de la Palabra del Señor, la Santa Misa, la Vida
Sacramental y las buenas obras, son las diferentes formas, por medio de las
cuales el Señor nos ayuda a estar listos, presentes, dispuestos y fuertes a la
hora de esperar su llegada. Que el Señor nos fortalezca interiormente para cuando
Jesús vuelva (1Ts 3, 12–4, 2). Esa fortaleza la podemos adquirir permitiendo
que el Señor renazca y viva para siempre en cada uno de nuestros corazones, es
decir, en nuestra alma, en nuestra mente y en cada acto que se lleve a cabo en
nuestra vida diaria.
Estemos atentos al Señor en esta Navidad y siempre. El Señor desea
nacer este 24 de Diciembre en lo más tierno y amoroso de nuestro corazón; en lo
más cálido y feliz de nuestros hogares; en cada tarea que realicemos en nuestra
vida laboral. Estemos atentos y
mantengámonos en pie ante el Hijo del Hombre (Lc 21, 25 -36)…
Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre. Y por
los siglos de los siglos. Amén.
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